Lamentablemente,no quedaron restos de la langosta: se la comieron toda y tiraron la lata.Interrogó a la
doncella, Gladys Linch, que estaba llorosa y muy agitada, y que a cada momento se apartaba de la
cuestión, pero declaró una y otra vez que la lata no estaba hinchada y que la langosta le había parecido
en magníficas condiciones.
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