El viaje
fue silencioso durante los primeros cien kilómetros, hasta que Alba pudo
recuperarse de la sorpresa y sacó un hilo de voz temblorosa para preguntar por
qué no le habían dicho antes que Pedro Tercero era su padre; así se habría
ahorrado tantas pesadillas de un conde vestido de blanco muerto de fiebre en
el desierto.
Discussion