Alba era de opinión que si no había carne, se comían
papas, y si no había zapatos, se usaban alpargatas, pero Blanca, horrorizada
con la simplicidad de su hija, sostenía la teoría de que, pase lo que pase, no
hay que bajar de nivel, con lo cual justificaba el tiempo gastado en sus
argucias de contrabandista.
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