Pasó
alegremente sin tocar los vehículos de lujo estacionados en la calle, dio vuelta
por las plazas y los parques que nunca había pisado, se detuvo maravillada
ante las vitrinas del comercio, que brillaban como en Navidad y donde se
ofrecían objetos que no sabía siquiera qué uso tenían y siguió su ruta
apaciblemente.
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