Además, el
recuerdo de Alba con sus vestidos almidonados tomando limonada en la
terraza de Las Tres Marías, mientras él arrastraba los pies desnudos en el patio
de las gallinas y se sorbía los mocos, y el temor que todavía le tenía al viejo
Trueba, fueron más fuertes que su deseo de humillarla.
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