Fue la
primera vez que Alba pasó la noche fuera de su casa, acunada en los brazos de
Miguel, entre montones de periódicos y botellas vacías de cerveza, en la cálida
promiscuidad de los compañeros, todos jóvenes, sudados, con los ojos
enrojecidos por el sueño atrasado y el humo, un poco hambrientos y sin nada
de miedo, porque aquello.
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