Notó que, a pesar de que siempre estaba tramando nuevos negocios,
ésta parecía irse mermando desde la muerte de Clara, pero no se alarmó,
porque supuso que en el orden natural de las cosas estaba el hecho irrefutable
de que en su vida ella había sido un soplo de buena suerte, pero que no podía
continuar beneficiándolo después de su muerte.
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