Confeccionada la medicina en un dos por tres, volvió Ballester a coger la vara, y continuó la filípica de este modo: «Lo mismo que la tontería en que ahora ha dado... que le van a quitar su honor; que entran hombres en la casa... que por todas partes se le tienden asechanzas a su honor... ¡Qué melodramáticos estamos y qué simples _semos_!

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