Apresuré el paso y me metí en mi casa...
--Muy bien hecho, muy bien hecho...
--Pero aguárdese usted--dijo Fortunata que ya no estaba exaltada, sino
en un grado de humildad lastimosa, y su tono era el de los penitentes
muy afligidos, que no pueden con el peso de sus culpas--.
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