Doña Lupe creyó que no la reconocería, pues sólo se habían
hablado una vez en la función del Asilo; pero sí la reconoció, y aun la
nombró, porque Guillermina era como los grandes capitanes, que tienen
memoria felicísima de nombres y fisonomías, y soldado con quien hablan
una vez, no se les despinta.
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