Por fin el joven, en el último grado de la turbación y del desconcierto, se aventuró a hablar, y dijo algo así como _buenas tardes_... y después: _Yo creí que_... y luego: _De modo que usted, tía..._ «No, yo no me meto en nada--declaró doña Lupe, que estaba sentada como presidiendo--.

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