«Tú no puedes hacerte cargo de
aquellas noches de luna en Cuba, de aquella bóveda de plata
resplandeciente, de aquellos manglares que son jardines en medio de los
espejos de la mar... Pues aquella noche de que te hablo, estábamos
acechando junto a un río, porque sabíamos que por allí habían de pasar
los insurgentes.
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