y
después de mirar bien el hecho, ¿qué resulta?, que no basta para
muestra un botón, que el que se cuelga de un cabello se cae; en una
palabra, niña mía, que lo aparentemente deshonroso puede no serlo, y que
la realidad, en vez de arrojar vergüenza sobre el sujeto, lo que hace es
enaltecerlo y quizás honrarle.
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