«En tal situación--prosiguió Juan, hallándose ya en plena posesión de su
tesis y con los cubiletes en la mano--, yo te planteo el problema a
ti... vamos a ver... Figúrate que eres hombre; figúrate que te
encuentras delante de aquella infeliz mujer, que te pide socorro, una
defensa contra la miseria y la deshonra, y al verla delante, tú te
reconoces autor de todas sus desdichas, porque tú la perdiste, porque de
ti le vienen todos sus males.
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