Teniendo todos la misma manía,
cada cual cultivaba una especialidad, pues Leopoldo Montes llevaba un
día y otro infaliblemente, noticias de crisis; D. Basilio descendía
siempre a menudencias de personal; Relimpio era procaz y malicioso en
sus juicios; Rubín descollaba por suponerse que todo lo sabía y que se
anticipaba a los sucesos _viéndolos venir_, y por último, Feijoo era
profundamente escéptico, y tomaba a broma todas las cosas de la
política.
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