Fuera de sí, doña Lupe le echó la zarpa a un brazo y
sacudiéndola fuertemente, le soltó esta imprecación:
«¡Ah!, maldita... bien claro se ve que es usted una bribona... una
bribona en toda la extensión de la palabra... que lo ha sido siempre y
lo será mientras viva... A todos engañó usted menos a mí... a mí no...
Yo la vi venir».
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