No tenía prisa y se fue a dar un paseíto, recreándose en la
hermosura del día, y dando vueltas a su pensamiento, que estaba como el
Tío Vivo, dale que le darás, y torna y vira... Iba despacio por la calle
de Santa Engracia, y se detuvo un instante en una tienda a comprar
dátiles, que le gustaban mucho.
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