Hacía tres años que no le había visto... Observó un hecho muy
desagradable: al salir el tal, no había mirado a la puerta de la
derecha, como parecía natural... Estaba enojado sin duda...
Y movida del mismo impulso mecánico, la señora de Rubín corrió al balcón
de la sala, y abrió quedamente la madera... En efecto, le vio atravesar
la calle y doblar la esquina de la de Don Juan de Austria.
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