El día señalado estaba ya muy próximo, y
si el pensamiento de la reclusa no se había familiarizado aún de una
manera terminante con la nueva vida que la esperaba, no tenía duda de
que le convenía casarse, comprendiendo que no debemos aspirar a lo
mejor, sino aceptar el bien posible que en los sabios lotes de la
Providencia nos toca.
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