Pues a
sortear y dirigir aquella revolución doméstica; que atajarla era
imposible, y el que se le pusiera delante, arrollado sería sin
remedio... De esta idea provino la relativa tolerancia con que habló a
su sobrino en la segunda noche de confianzas, la maña con que le fue
sacando noticias y pormenores de su novia, sin aparentar curiosidad,
aventurándose a darle algunos consejos.
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