Sostenía, no obstante, doña Lupe que el retrato de Jáuregui era una obra
maestra, y a cuantos lo contemplaban les hacía notar dos cosas
sobresalientes en aquella pintura, a saber: que donde quiera que se
pusiese el espectador los ojos del retrato miraban al que le miraba, y
que la cadena del reloj, la gola, los botones, la carrillera y placa del
morrión, en una palabra, toda la parte metálica estaba pintada de la
manera más extraordinaria y magistral.
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