Vestido
enorgullecía a las modistas; desnudo o a medio vestir, cuando andaba por
aquella casa tendiendo ropa en el balcón, limpiando los muebles o
cargando los colchones cual si fueran cojines, para sacarlos al aire,
parecía una figura de otros tiempos; al menos, así lo pensaba Rubín, que
sólo había visto belleza semejante en pinturas de amazonas o cosa tal.
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