Era como la feroz picada de un mosquito cuando estamos
empezando a dormirnos dulcemente... Por mucho que se estirase el dinero
sacado de la hucha, al fin se tenía que concluir, porque todo es finito
en este mundo, y el metálico precisamente es una de las cosas más
finitas que se pueden imaginar... ¡María Santísima!, cuando el temido
momento llegase... ¡cuando la última peseta del último duro fuera
cambiada...!
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