Los muebles se los alquiló una vecina que había levantado
casa, y Rubín atendió a todo con tal tino, que Fortunata se pasmaba de
sus admirables dotes administrativas, pues no tenía ni idea remota de
aquel ingenioso modo de defender una peseta, ni sabía cómo se recorta un
gasto para reducirlo de seis a cinco, con otras artes financieras que el
excelente chico había aprendido de doña Lupe.
Discussion