Estaba Maximiliano con la hucha en la mano mirándola por arriba y por
abajo, como si la fuera a retratar, cuando se abrió la puerta y entró
una chiquilla como de doce años, delgada y espigadita, los brazos
arremangados, muy atusada de flequillo y sortijillas, con un delantal
que le llegaba a los pies.
Discussion