Al mismo tiempo la apatía y la pereza quedaban vencidas... Andábanle por
dentro comezones y pruritos nuevos, un deseo de hacer algo, y de probar
su voluntad en actos grandes y difíciles... Iba por la calle sin ver a
nadie, tropezando con los transeúntes, y a poco se estrella contra un
árbol del paseo de Luchana.
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