En tal decisión tuvo además bastante parte un grande amigo
del difunto Nicolás Rubín y de toda la familia (el farmacéutico
Samaniego, dueño de la acreditada botica de la calle del Ave María),
prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llevársele de
mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase
al frente del establecimiento.
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