Quitose también las
medias y echó a correr detrás del gato, cogiéndolo por el rabo y dándole
muchas vueltas... Por eso estaba tan mal humorado el pobre animalito...
Luego se había subido a la mesa del comedor para pegarle un palo a la
lámpara... «¡Ay, qué rico!».
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