Hablose luego de Adoración, que se había cosido a las faldas de Jacinta,
y Severiana empezó a referir:
«Esta niña es de mi hermana Mauricia... La señora metió en las Micaelas
a mi hermana, pero esta se fugó, encaramándose por una tapia; y ahora la
estamos buscando para volverla a encerrar allá».
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