Un rato estuvo
Ido del Sagrario ante el establecimiento de _El Tartera_, que así se
llamaba, mirando los dos tiestos de _bónibus_ llenos de polvo, las
insignias de los bolos y la rayuela, la mano negra con el dedo tieso
señalando la puerta, y no se decidía a obedecer la indicación de aquel
dedo.
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