En
algunos huecos brillaba el naranjado que chilla como los ejes sin grasa;
el bermellón nativo, que parece rasguñar los ojos; el carmín, que tiene
la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento;
el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila, que tiene cierto aire
de poesía mezclado con la tisis, como en la _Traviatta_.
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