Aunque Jacinta no conocía personalmente a ninguna víctima de las
palabras de casamiento, tenía una clara idea de estos pactos diabólicos
por lo que de ellos había visto en los dramas, en las piezas cortas y
aun en las óperas, presentados como recurso teatral, unas veces para
hacer llorar al público y otras para hacerle reír.
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