¡Pobre pueblo!, y
luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la
culpa... Estas cosas hay que verlas de cerca... Sí, hija mía, hay que
poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano... sí, pero a
veces sus latidos no son latidos, sino patadas... ¡Aquella infeliz
chica...!
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