Lo que hacía el muy farsante era saborear de antemano lo que se le
aproximaba y ver de qué manera decía a su madre con el aire más grave y
filosófico del mundo: «Mamá, he meditado profundísimamente sobre este
problema, pesando con escrúpulo las ventajas y los inconvenientes, y la
verdad, aunque el caso tiene sus más y sus menos, aquí me tiene usted
dispuesto a complacerla».
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