Las pastorales,
sinodales, bulas y demás entretenidas cosas que el libro traía, fueron
el único remedio de su soledad triste, y lo mejor del caso es que llegó
a tomar el gusto a manjar tan desabrido, y algunos párrafos se los
echaba al coleto dos veces, masticando las palabras con una sonrisa, que
a cualquier observador mal enterado le habría hecho creer que el tomazo
era de Paul de Kock.
Discussion