Jaulones enormes había por todas partes,
llenos de pollos y gallos, los cuales asomaban la cabeza roja por entre
las cañas, sedientos y fatigados, para respirar un poco de aire, y aun
allí los infelices presos se daban de picotazos por aquello de _si tú
sacaste más pico que yo... si ahora me toca a mí sacar todo el
pescuezo_.
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