Algo
hacía en verdad, mas era en gran parte pura farsa; y cuando le
preguntaban si iban bien los negocios, respondía en el tono de
comerciante ladino que no quiere dejar clarear sus pingües ganancias:
«Hombre, nos vamos defendiendo; no hay queja... Este mes he colocado lo
menos treinta chicos... como no hayan sido cuarenta...».
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