Poco a poco iban llegando los amigos, aquellos hermanos de su
alma, que en la soledad en que Plácido estaba le parecían algo como la
paloma del arca, pues le traían en el pico algo más que un ramo de
oliva, le traían la palabra, el sabrosísimo fruto y la flor de la vida,
el alcohol del alma, con que apacentaba su vicio... Pasábanse el día
entero contando anécdotas, comentando sucesos políticos, tratando de tú
a Mendizábal, a Calatrava, a María Cristina y al mismo Dios, trazando
con el dedo planes de campaña sobre el mostrador en extravagantes líneas
tácticas; demostrando que Espartero debía ir necesariamente por aquí y
Villarreal por allá; refiriendo también sucedidos del comercio, llegadas
de tal o cual género; lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de
la corte, con todo lo demás que cae bajo el dominio de la bachillería
humana.
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