Era también
de rúbrica el paseíto los domingos, en corporación, las niñas muy bien
arregladitas con cuatro pingos que parecían lo que no eran, la mamá muy
estirada de guantes, que le imposibilitaban el uso de los dedos, con
manguito que le daba un calor excesivo a las manos, y su buena
cachemira.
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