Se pensó en
retirarlos, porque ya estaban los pobres un poco tronados; pero
Barbarita se opuso, porque dejar de verlos allí haciendo juego con la
fisonomía lela y honrada del Sr. de Ayún, era como si enterrasen a
alguno de la familia; y aseguró que si su hermano se obstinaba en
quitarlos, ella se los llevaría a su casa para ponerlos en el comedor,
haciendo juego con los aparadores.
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