No sabían hacerlo
sino los que de antiguo tenían la costumbre de manejar aquel artículo,
por lo cual muchas damas, que en algún baile de máscaras se ponían el
chal, lo mandaban al día siguiente, con la caja, a la tienda de
Gumersindo Arnaiz, para que este lo doblase según arte tradicional, es
decir, dejando oculta la rejilla de a tercia y el fleco de a cuarta, y
visible en el cuartel superior el dibujo central.
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