El pueblo ha aceptado el oscuro de las capas,
imponiendo el rojo de las vueltas; ha consentido las capotas,
conservando las mantillas y los pañuelos chillones para la cabeza; ha
transigido con los gabanes y aun con el _polisón_, a cambio de las
toquillas de gama clara, en que domina el celeste, el rosa y el amarillo
de Nápoles.
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