Para que el progreso
pusiera su mano en la obra de aquel hombre extraordinario, cuyo retrato,
debido al pincel de D. Vicente López, hemos contemplado con satisfacción
en la sala de sus ilustres descendientes, fue preciso que todo Madrid se
transformase; que la desamortización edificara una ciudad nueva sobre
los escombros de los conventos; que el Marqués de Pontejos adecentase
este lugarón; que las reformas arancelarias del 49 y del 68, pusieran
patas arriba todo el comercio madrileño; que el grande ingenio de
Salamanca idease los primeros ferrocarriles; que Madrid se _colocase_,
por arte del vapor, a cuarenta horas de París, y por fin, que hubiera
muchas guerras y revoluciones y grandes trastornos en la riqueza
individual.
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