Todas las
noches del año le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la
casa; hasta que cumplió los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en
corporación con los susodichos dependientes; el teatro no lo cataba sino
el día de Pascua, y le hacían un trajecito nuevo cada año, el cual no se
ponía más que los domingos.
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