Si Barbarita presumiera, habría podido recortar muy
bien los cincuenta y dos años plantándose en los treinta y ocho, sin que
nadie le sacara la cuenta, porque la fisonomía y la expresión eran de
juventud y gracia, iluminadas por una sonrisa que era la pura miel...
Pues si hubiera querido presumir con malicia, ¡digo...!, a no ser lo
que era, una matrona respetabilísima con toda la sal de Dios en su
corazón, habría visto acudir los hombres como acuden las moscas a una de
esas frutas que, por lo muy maduras, principian a arrugarse, y les
chorrea por la corteza todo el azúcar.
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