«Todos somos unos--dijo alguna vez el gordo
en las expansiones de su humor festivo, inclinado a las sinceridades
democráticas--, tú por tu madre y yo por mi abuela, somos Trujillos
netos, _de patente_; descendemos de aquel Matías Trujillo que tuvo
albardería en la calle de Toledo allá por los tiempos del motín de capas
y sombreros.
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