El gordo y D. Baldomero tratáronse
siempre como hermanos en la vida social y como compañeros queridísimos
en la comercial, salvo alguna discusión demasiado agria sobre temas
arancelarios, porque Arnaiz había hecho la gracia de leer a Bastiat y
concurría a los _meetings_ de la Bolsa, no precisamente para oír y
callar, sino para echar discursos que casi siempre acababan en sofocante
tos.
Discussion