No sólo realizó
contratos con las fábricas de Béjar y Alcoy para dar mejor salida a los
productos nacionales, sino que introdujo los famosos Sedanes para
levitas, y las telas que tanto se usaron del 45 al 55, aquellos
patencures, anascotes, cúbicas y chinchillas que ilustran la gloriosa
historia de la sastrería moderna.
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