Su instrucción y su ingenio agudísimo le hacían descollar
sobre todos los demás mozos de la partida, y aunque a primera vista
tenía cierta semejanza con Joaquinito Pez, tratándoles se echaban de ver
entre ambos profundas diferencias, pues el chico de Pez, por su ligereza
de carácter y la garrulería de su entendimiento, era un verdadero
botarate.
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