Pero
Villalonga y Santa Cruz lo pasaron peor, porque el primero recibió un
sablazo en el hombro que le tuvo derrengado por espacio de dos meses
largos, y el segundo fue cogido junto a la esquina del Teatro Real y
llevado a la prevención en una cuerda de presos, compuesta de varios
estudiantes decentes y algunos pilluelos de muy mal pelaje.
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